miércoles, agosto 24

SOLO POR HOY NARCÓTICOS ANÓNIMOS. 24 DE AGOSTO.

24 de agosto Buscar la voluntad de Dios

«Aprendemos a tener cuidado de pedir cosas concretas.»

Texto Básico, p. 53

Durante nuestra adicción activa, no solíamos rezar para conocer la voluntad de Dios para con nosotros y la fortaleza para cumplirla. Al contrario, la mayoría de nuestras oraciones eran para que Dios nos sacara del lío en el que nos habíamos metido. Esperábamos milagros con nuestras exigencias. Cuando empezamos a practicar el Undécimo Paso, esa forma de pensar y rezar cambia. La única manera de salir del lío en el que nos hemos metido es rendirnos a un Poder más grande que nosotros.
En recuperación, aprendemos aceptación. A través de la oración y la meditación intentamos saber cómo hacer frente a las circunstancias que se presentan en nuestro camino. Dejamos de luchar, abandonamos nuestras ideas de cómo deberían ser las cosas, pedimos sabiduría y escuchamos las respuestas. Éstas, por lo general, no llegan como un rayo de luz blanca acompañado de un redoble de tambor, sino que aparecen sencillamente con la silenciosa sensación tranquilizadora de que nuestra vida va por buen camino y que un Poder superior a nosotros guía nuestros pasos.
Tenemos una alternativa: podemos pasarnos la vida luchando para que las cosas salgan a nuestro antojo, o podemos rendirnos a la voluntad de Dios. La paz se puede encontrar aceptando los vaivenes de la vida.

Sólo por hoy: Abandonaré mis expectativas, buscaré la orientación de mi Poder Superior y aceptaré la vida.

ALIENTO DIARIO. DAISAKU IKEDA

24 de agosto

Avanzar. Nichiren enseña el espíritu de que "no avanzar es retroceder". El punto esencial es continuar siempre hacia adelante, más allá de las tempestades o la adversidad que puedan sobrevenir, y ser intrépidos como un león.

Daisaku Ikeda, presidente de la SGI


sábado, mayo 21

CREANDO UN ESPACIO PARA LA MEDITACIÓN. OSHO. EL LIBRO NARANJA

Si puedes crear un lugar especial…un pequeño templo o rincón en la casa donde puedas meditar diariamente…entonces no uses ese rincón para ningún otro propósito…porque cada propósito tiene su propia vibración. Utiliza ese rincón sólo para meditar y nada más. Entonces el rincón se cargará y esperará por ti diariamente…el rincón te será de ayuda. El ambiente creará una vibración particular, una atmósfera particular en la cual podrás ir más y más profundo con mayor facilidad. 
Esa es la razón por la cual los templos, las iglesias y las mezquitas fueron creadas: sólo para tener un lugar que existiera únicamente para la oración y la meditación. 
Si puedes escoger una hora constante para meditar, eso también es muy beneficioso, porque tu cuerpo y tu mente son un mecanismo. Si diariamente almuerzas a una hora determinada, tu cuerpo comienza a pedir comida a esa hora. A veces, hasta puedes jugarle trucos. 
 Si almuerzas a la una de la tarde y el reloj dice que ahora es la una, tendrás hambre aunque el reloj esté equivocado y sean sólo las once o las doce. Miras el reloj: este indica la una y de repente sientes hambre. 
Tu cuerpo es un mecanismo
Tu mente es también un mecanismo.
 Medita cada día en el mismo lugar, a la misma hora y crearás un hambre de meditación dentro de tu cuerpo y mente. Cada día, en ese momento en particular, tu cuerpo y mente te pedirán que medites. Te será de ayuda…se crea en ti un espacio que se convertirá en hambre, en sed.
 Al principio es muy bueno. A menos que llegues al punto en que la meditación se ha vuelto algo natural y puedes meditar en cualquier lugar…en cualquier sitio…a cualquier hora…hasta ese momento, usa esos recursos mecánicos del cuerpo y de la mente como ayuda. Apagas la luz, has encendido un tipo determinado de incienso en el cuarto, tienes ropas determinadas, una atmósfera determinada, una suavidad determinada, tienes una alfombra determinada, asumes una determinada postura. 
Todo esto ayuda, pero no lo produce. Si alguna otra persona hace estas mismas cosas, puede que se conviertan en un obstáculo. Uno debe hallar su propio ritual. 
Un ritual tiene simplemente el propósito de ayudarte a estar relajado y a esperar. Y cuando estás relajado y a la espera, la cosa sucede. 
Tal como el sueño, Dios viene a ti…tal como el amor, Dios viene a ti. No te lo puedes proponer, no lo puedes forzar. 

jueves, mayo 12

ALIENTO DIARIO. DAISAKU IKEDA

13 de mayo

Durante el diálogo que mantuvimos el doctor Arnold Toynbee y yo, él me manifestó en un momento que su lema era "Laboremus", que en latín significa "¡A trabajar!". El budismo de Nichiren se centra en el presente y en el futuro; está impregnado del espíritu de "¡Manos a la obra!". Practicamos por el bien del presente y del futuro. Es importante no quedar atrapado en el pasado; tenemos que dejarlo atrás. El budismo de la verdadera causa siempre se basa en el momento presente; siempre es "a partir de ahora".
Daisaku Ikeda, presidente de la SGI

miércoles, abril 13

LA CONCENTRACIÓN ES HUMANA LA MEDITACIÓN ES DIVINA

Meditación no es concentración. En la concentración existe un Yo concentrándose y hay un objeto sobre el cual se ejerce la concentración. Hay una dualidad. En la meditación no hay nadie adentro y nada afuera. No es concentración. No hay división entre lo de adentro y lo de afuera…lo interno fluye y fluye hacia lo externo, lo externo fluye y fluye hacia lo interno. 
La demarcación, el límite, el borde, ya no existe. 
Lo interno está afuera, lo externo está adentro: es una conciencia no dual. 
La concentración es una conciencia doble; es por eso que produce cansancio; es por eso que cuando te concentras te sientes exhausto. No te puedes concentrar durante las veinticuatro horas; tendrás que tomar vacaciones para descansar.
La concentración jamás se podrá convertir en tu naturaleza.
La meditación puede convertirse en algo constante durante veinticuatro horas, día tras día, año tras año… 
Puede transformarse en la eternidad…Es la relajación en sí misma. 
La concentración es un acto, un acto de la voluntad. 
La meditación es un estado de no voluntad, un estado de inacción…es relajación. 
Sencillamente, uno se ha dejado caer en su propio ser, y ese ser es el mismo que el ser del Todo. 
En la concentración, tu mente funciona a partir de una conclusión: estás haciendo algo… la concentración surge del pasado.
 En la meditación no hay una conclusión detrás, no estás haciendo algo en particular, estás simplemente siendo. 
Esto no tiene pasado, el pasado no lo ha contaminado. No tiene futuro, está desprovista de todo futuro…es lo que Lao Tzu ha llamado: wu wei: acción a través de la inacción. 
Es lo que los maestros Zen han estado diciendo:
“Sentado en silencio sin hacer nada,  
llega la primavera 
y la hierba crece por sí sola”, 
Recuerda: “por sí sola”, nada se está haciendo…no estás tironeando la hierba hacia arriba. La primavera llega y la hierba crece por sí sola. 
Ese estado, cuando permites que la vida siga su propio camino…cuando no lo quieres dirigir…cuando no quieres ejercer ningún control sobre ella, cuando no estás manipulando…cuando no estás forzando en ella ninguna disciplina…ese estado de pura espontaneidad indisciplinada es la meditación. 
La meditación es en el presente, puro presente. 
Meditación es inmediatez. No puedes meditar: puedes estar en meditación…no puedes estar en concentración, pero te puedes concentrar. 
La concentración es humana, la meditación es divina. 

martes, marzo 29

REFLEXIÓN DIARIA ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS 19 DE MARZO

LA ORACIÓN DA RESULTADOS
Se ha dicho que "los únicos que se burlan de la oración son aquellos que nunca la han practicado lo suficiente".
DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 104
Por haberme criado en un hogar agnóstico, yo me sentía algo ridículo cuando traté de orar por primera vez. Sabía que había un Poder Superior que obraba en mi vida - ¿de qué otra manera estaría sobrio? - pero ciertamente no estaba convencido de que él/ella/ello quisiera escuchar mis oraciones. La gente que tenía lo que yo quería, decía que la oración era una parte importante de la práctica del programa, así que seguí haciéndolo. Con la determinación de orar diariamente, me sorprendió ir encontrándome cada vez más sereno y cómodo con mi lugar en el mundo. En otras palabras, la vida se me hizo más fácil y menos penosa. todavía no estoy seguro de quién o qué escucha mis oraciones, pero nunca dejaré de decirlas por la simple razón de que dan resultado.

lunes, marzo 28

OJO DE DIOS (HUICHOL). CUENTO POR MAITE GALIANA

Mi padre murió cuando yo tenia 11 años. Su corazón dejó de latir mientras atendía a un cliente. Era empleado de banca. Superados los primeros momentos de ausencia, dolor y miedo al futuro, mi madre y yo nos acostumbramos a la austeridad de su pensión de viuda. El único gasto extra que nos permitimos fue una cámara de hacer fotos.
 Vivíamos en un barrio obrero de la ciudad, en un piso pequeño con jardín donde mi madre había construido un invernadero con cuatro palos y unos trozos de plástico. La pasión de mamá eran los cactus. Los cuidaba como si fueran bebes, los regaba con cuentagotas, abonaba la tierra, les cantaba, cuidaba con esmero que no les faltase ni les sobrase sol o calor. Cuando florecían  no paraba de hacerles fotos. La casa era un sagrario vegetal
Yo había terminado mis estudios de enfermería y estaba buscando mi primer empleo cuando vi el anuncio del concurso fotográfico.
-Que no Silvia. A quien pueden interesar mis cactus?
-Que si mamá que son preciosos.
Se dejó convencer.
Desde el día que mamá vomito sangre, como lava de volcán, el tiempo perdió su ritmo. El ancla de la vida nos mantuvo en una impaciente espera. Análisis, pruebas, biopsias, diagnósticos, quirófanos, “quimio” se sucedieron con lentitud glacial.
Mama era una mujer alegre, menuda, de ojos chispeantes y sonrisa dulce, amaba la vida.
Cuando llegó la carta certificada con los billetes de avión y la reserva de hotel, su risa contagiosa nos hizo volar.
Con permiso del oncólogo emprendimos el viaje. Mi madre deseaba ver el desierto, ninguna fuerza humana le hubiera hecho renunciar al premio. Su “cactus barril con flor azul”, fue la mejor fotografía del certamen.
En San Luis de Potosí cogimos un bús que nos dejo a las puertas de Real de Catorce. Atravesamos en carro el estrecho túnel de Ogarrio, una antigua galería minera escavada en la roca como un gusano enorme y único acceso al pueblo de piedra. No respiré en todo el trayecto. El cansancio del viaje y la fobia del interminable y oscuro túnel se esfumaron ante la belleza del cielo estrellado. Estábamos en el corazón del Wirikuta, la tierra sagrada de los huicholes, y olía a barro, a cactus, a misterio. El viento suave nos refrescó.
Por la mañana llegamos puntuales a la ceremonia. Los peyoteros habían cazado “el venado azul”. Nos sentamos en círculo en medio de la jungla de cactus frágiles  y preciosos. Mi madre rezumaba felicidad. El chaman repartió  la fruta carnosa y amarga que degustamos con éxtasis, cual Cuerpo de Cristo. Los ojos de mi padre aparecieron entonces como dos estrellas oscuras en medio del cielo azul clarísimo. Yo era un satélite orbitando el reborde de sus cuencas. Sentí su amor y el amor de Victor a quien aun no conocía y el de mi hija Mónica que nacería años mas tarde. Abracé a mi madre y contuve el Universo en mi.
-He encontrado mi río, dijo mamá con expresión mística. Pasamos los meses siguientes tomando peyote y tejiendo ojos de dios entre huicholes peregrinos y turistas.
Mamá se fue en una ventisca mientras trenzaba. El chamán pasó sobre su cuerpo el plumaje sagrado y el Wirikuta acogió su alma.  Volví a casa por el ceñido túnel con su último Tzicuri entre las manos.
Maite Galiana.