domingo, enero 15

CODEPENDENCIA. MELODY BEATTIE

¿Que es la codependencia?
Hay casi tantas definiciones de codependencia como experiencias que la representan. En la desesperación (o tal vez en la iluminación), algunos terapeutas han proclamado: “Codependencia es cualquier cosa, y cualquier persona es codependiente”. De modo que ¿quién tiene razón? ¿Cuál definición es la adecuada?
Una breve historia de la codependencia ayudará a contestar esta pregunta.
La palabra codependencia apareció en la escena del tratamiento psicológico a fines de la década de los setenta. No sé quién la descubrió. Aunque varias personas proclaman haberlo hecho, la palabra emergió simultáneamente en varios centros de tratamiento de Minnesota, de acuerdo con la información de la oficina de Sondra Smalley, una psicóloga con licencia y líder en el campo de la codependencia. Tal vez Minnesota, el corazón de los centros de tratamiento para las dependencias químicas y de los programas de Doce Pasos para los trastornos compulsivos, la descubrió.
Robert Subby y John Friel en un artículo del libro Co-dependency, An Emerging Issue, escribieron: “originalmente se usó para describir a la persona o las personas cuyas vidas se veían afectadas como resultado de su relación cercana con alguien que tiene una dependencia química. El cónyuge o hijo o amante codependiente de alguien químicamente dependiente era visto como una persona que había desarrollado un patrón para contender con la vida que no era sano, como una reacción hacia el abuso del alcohol o de las drogas que hacía otra persona”.Era un nombre nuevo para un juego viejo. Los profesionales habían sospechado durante largo tiempo que algo peculiar sucedía a las personas que estaban involucradas de cerca con individuos químicamente dependientes. Se había hecho alguna investigación sobre el tema, la cual indicaba que una condición física, mental, emocional y espiritual similar a la provocada por el alcoholismo parecía darse en muchas personas no alcohólicas o no químicamente dependientes cercanas al alcohólico. Surgieron algunas palabras (más caló que después se volverían sinónimo de codependiente) para describir este fenómeno: co-alcohólico, para alcohólico, no-alcohólico. Es seguro que los codependientes sintieron los efectos de la codependencia bastante antes de que se acuñara la palabra.
Así, he aquí mi definición de un codependiente:
Una persona codependiente es aquella que ha permitido que la conducta de otra persona la afecte, y que está obsesionada con controlar la conducta de esa persona. La otra persona puede ser un niño o adulto o un amante o un cónyuge, un hermano o hermana, un abuelo o abuela, un cliente o un amigo íntimo. Estas personas pueden ser alcohólicas, drogadictas, gente mental o físicamente enferma, una persona normal que de vez en cuando tiene sentimientos de tristeza, o una de las personas mencionadas anteriormente.
Pero el núcleo de la definición y de la recuperación no está en la otra persona, no importa cuánto lo creamos así, Está en nosotros mismos, en la manera en que permitimos que la conducta de otra persona nos afecte y en la forma en que tratamos de afectarla a ella: en los cuidados obsesivos, controladores, “ayudadores”, en la baja autoestima que raya en el odio hacia uno mismo, en la autorepresión, en la abundancia de ira y de culpa, en la peculiar dependencia de gente peculiar, en la atracción por y en la tolerancia de lo bizarro, en el estar centrado en otro que conduce al abandono de uno mismo, en problemas de comunicación, problemas de intimidad y en un continuo torbellino a través de las cinco fases del proceso de duelo.
¿Es una enfermedad la codependencia?
Algunos profesionales dicen que la codependencia no es una enfermedad; dicen que es una reacción normal hacia la gente anormal. Aunque los primeros grupos de Al-Anón se formaron en la década de 1940, estoy segura que nos podríamos remitir al principio del tiempo y de las relaciones humanas para encontrar destellos de conducta codependiente. La gente siempre ha tenido problemas y otros siempre se han preocupado de sus amigos y parientes con problemas. La gente siempre se ha abrumado con los problemas de los demás desde que comenzaron las relaciones humanas.
“Es natural que tratemos de proteger y de ayudar a las personas que nos importan. También es natural que nos afecten los problemas de la gente que nos rodea y que reaccionemos a ellos. A medida que un problema se vuelve más serio y permanece sin resolverse, más nos afecta y más reaccionamos hacia él.” La palabra “reaccionar” es importante aquí. Sea como sea que nos aproximemos a la codependencia, como sea que la definamos, y sea cual fuere el marco de referencia que elijamos para diagnosticarla y para tratarla, la codependencia es primordialmente un proceso de reacción. Los codependientes son reaccionarios. Reaccionan en exceso. Reaccionan demasiado poco. Pero rara vez actúan. Reaccionan a los problemas, las vidas, los dolores y las conductas de otros. Reaccionan a sus propios problemas, dolores y conductas. Muchas reacciones codependientes son reacciones al estrés. No es necesariamente anormal, pero resulta heroico y un auténtico salvavidas aprender a no reaccionar y a actuar de maneras más sanas. Sin embargo, la mayoría de nosotros necesitamos que se nos enseñe a hacerlo. Quizá alguna de las razones por las cuales los profesionales consideran enfermedad a la codependencia es porque muchos codependientes están reaccionando a una enfermedad tal como el alcoholismo.
Otra razón por la cual se le llama enfermedad a la codependencia es porque es progresiva. A medida que la gente a nuestro alrededor se enferma más, podemos empezar a reaccionar en forma más intensa aún. Lo que empezó como una pequeña preocupación puede disparar el aislamiento, la depresión, una enfermedad física o emocional, o fantasías suicidas. Una cosa lleva a la otra, y las cosas se empeoran. La codependencia puede no ser una enfermedad, pero puede enfermarte. Y también puede contribuir a que la gente a tu alrededor permanezca enferma.
Otra razón más por la que se le llama enfermedad a la codependencia es porque las conductas codependientes –como muchas conductas autodestructivas– se vuelven habituales. Repetimos los hábitos sin pensarlo. Los hábitos cobran vida propia. Sea cual sea el problema que tenga la otra persona, la codependencia implica un sistema habitual de pensar, de sentir y de comportarnos hacia nosotros y hacia los demás que nos causa dolor. Las conductas o hábitos codependientes son autodestructivos. Con frecuencia reaccionamos a las personas que se autodestruyen; reaccionamos aprendiendo a autodestruirnos. Estos hábitos nos pueden conducir a mantenernos en relaciones destructivas que no funcionan. Estas conductas pueden sabotear relaciones que en otras condiciones sí hubieran funcionado. Estas conductas pueden impedirnos encontrar la paz y la felicidad con la persona más importante en nuestra vida:uno mismo. Estas conductas pertenecen a la única persona que cada uno de nosotros puede controlar –a la única persona que podemos hacer cambiar– a uno mismo. Estos son nuestros problemas.
¿Características de la Codependencia?
Antes de presentar una lista de lo que los codependientes tienden a hacer, diré algo importante: tener estos problemas no significa que seamos malos, defectuosos o inferiores. Algunos de nosotros aprendimos estas conductas desde niños. Otros las aprendieron más tarde en la vida. Podemos haber aprendido algunas de estas cosas por la interpretación que hemos hecho de la religión. A Algunas mujeres se les enseñó que estas conductas eran deseables atributos femeninos. Sea donde fuere que hayamos aprendido estas cosas, aprendimos bien la lección.
La mayoría de nosotros empezamos a hacer estas cosas por la necesidad de protegernos a nosotros mismos y de satisfacer nuestras necesidades. Hicimos, sentimos y pensamos estas cosas para sobrevivir emocional, mental y a veces físicamente. Tratamos de entender y de contender con nuestros complejos mundos de la mejor manera. No siempre es fácil vivir con personas sanas y normales. Pero es particularmente difícil vivir con personas enfermas, atribuladas o perturbadas. Es horrible tener que vivir con un alcohólico delirante. Muchos de nosotros nos las hemos tenido que ver con circunstancias indignantes, y estos esfuerzos han sido tan admirables como heroicos. Hemos hecho lo mejor que hemos podido.
Sin embargo, estos recursos de autoprotección ya no nos resultan útiles. En ocasiones, las cosas que hacemos para protegernos se vuelven contra nosotros y nos lastiman. Se vuelven autodestructivas. Muchos codependientes apenas logran sobrevivir, y la mayoría no satisface sus necesidades.
¿Podremos cambiar? ¿Podremos aprender conductas más sanas? No sé si se pueda enseñar la salud mental, emocional y espiritual, pero podemos ser inspirados y alentados. Podemos aprender a hacer las cosas de otra manera. Podemos cambiar. Creo que la mayoría de la gente quiere estar sana y vivir sus vidas lo mejor posible. Pero muchos de nosotros no sabemos que está bien hacer las cosas de otra manera. Muchos de nosotros ni siquiera sabemos qué es lo que hemos estado haciendo que no ha funcionado. La mayoría de nosotros hemos estado tan ocupados respondiendo a los problemas de otras personas que no hemos tenido tiempo para identificar y mucho menos para ocuparnos de nuestros propios problemas. Muchos profesionales dicen que el primer paso hacia el cambio es tomar conciencia. El segundo paso es la aceptación.
¿Podemos recuperarnos?
La codependencia es muchas cosas. Es una dependencia de los demás: de sus estados de ánimo, de su conducta, de su enfermedad o bienestar y de su amor. Es una dependencia paradójica. Parece que los demás dependen de los codependientes, pero en realidad ellos son los dependientes. Parecen fuertes pero se sienten desamparados. Parecen controladores pero en realidad son controlados ellos mismos, a veces por una enfermedad tal como el alcoholismo.
Estos son los hechos que dictaminan la recuperación. Solucionar estos problemas hace divertida la recuperación. Muchas recuperaciones de problemas que involucran la mente, las emociones y el espíritu de una persona son largas y engorrosas. No es así en el caso de la codependencia. Exceptuando emociones humanas normales que estaríamos sintiendo de cualquier manera, y de piquetes de incomodidad que tenemos cuando empezamos a comportarnos de manera diferente, la recuperación de la codependencia es emocionante. Es liberadora. Nos permite ser lo que somos. Permite a los demás ser como son. No ayuda a ejercitar el poder que Dios nos ha dado para pensar, sentir y actuar. Se siente uno bien. Nos brinda paz. Nos permite amarnos a nosotros mismos y a los demás. Nos permite recibir amor, esa maravilla que todos buscamos. Brinda un ambiente óptimo para que la gente a nuestro alrededor se cure y permanezca sana. Y la recuperación detiene el insoportable dolor con el que hemos vivido muchos de nosotros.
La recuperación no sólo es divertida, también es sencilla. No siempre es fácil, pero es sencilla. Se basa en la premisa de que muchos de nosotros hemos olvidado o que nunca hemos aprendido: cada persona es responsable de sí misma. Implica aprender una nueva conducta a la que nos dedicaremos: cuidar de uno mismo.

 Melody Beattie.  Ya No Seas Codependiente

lunes, enero 2

CARACTERISTICAS DE LA CODEPENDENCIA. LIBRO DE CoDA. (extracto)

CARACTERÍSTICAS DE LA CODEPENDENCIA 

Habitualmente los codependientes: 
Se hacen cargo de los sentimiento de los demás. No tienen conciencia de cómo se sienten y no pueden identificar sus sentimientos. Tienden a minimizar, alterar, o incluso negar la verdad sobre sus sentimientos. Temen o se preocupan por la forma en que los demás pueden responder a sus sentimientos. Aumentan su autoestima tratando de resolver los problemas de otros. Buscan la aprobación de los demás para determinar qué hacer, decir o sentir. Se concentran en complacer a otra persona. Tienen dificultades para reconocer cosas buenas en su persona. Tienden a juzgar con extrema rigurosidad todo lo que dicen o hacen, en función de los valores de otras personas. Tienen dificultad para establecer o mantener relaciones cercanas/íntimas con los demás. Deben sentir que los necesitan para poder establecer relaciones con los demás. No saben ni creen que pedir ayuda es correcto y normal. 

A muchos nos produce una fuerte impresión leer esta lista, pues muchas de las características nos describen. A algunos nos produce alivio ver estos sentimientos y conductas en papel porque existe la esperanza de que podamos haber descubierto una salida a nuestro dolor. A algunos nos avergüenza, como si alguien hubiera estado leyendo nuestra correspondencia o nuestro diario. Nos preguntamos “¿Cómo lo descubrieron?” y pensamos, “Si estas son las características de la codependencia, entonces todo el mundo es codependiente.” 

En nuestra primera reunión, escuchamos hablar a la gente de sus dificultades y de cómo sus vidas han cambiado como resultado de trabajar en un programa de recuperación. Escuchamos cómo sanan sus relaciones con ellos mismos, con su Poder Superior y con los demás. Aprendemos cómo podemos experimentar libertad y paz interior.

Escuchamos maravillados porque parecen estar contando nuestras historias, describiendo nuestros problemas, y hablando de nuestros sentimientos más íntimos. Esta puede ser una de las pocas ocasiones en las que no nos sentimos extraños o solos. Provistos con el conocimiento de que somos como otras personas, nos damos cuenta de que si ellos pueden trabajar con el programa y mejorar sus vidas, nosotros también podemos. Al asistir a más reuniones, escuchamos un mensaje de esperanza claro y fuerte; lo escuchamos a través de la literatura de CoDA y las historias de quienes nos rodean. Este mensaje de esperanza nos dice que nosotros también podemos tener los dones de recuperación, si estamos dispuestos. 

Aprendemos también que todos sufrimos esta enfermedad hasta cierto grado, por lo que reconocer la codependencia puede ser difícil. Comprender las conductas y actitudes codependientes puede ser especialmente agobiante, pues muchas de ellas no son destructivas; de niños, puede que hayamos utilizado algunas de esas conductas para sobrevivir al abuso o al abandono. Por ejemplo, podemos haber desarrollado detectores internos para leer el estado de ánimo de nuestros padres, y luego haber desarrollado conductas basadas en estos estados de ánimo para mantenerlos contentos. 

Para muchos de nosotros, la codependencia empeoró cuando crecimos. Conductas que nos pueden haber sido de utilidad en la infancia están causando ahora que nuestras vidas se deterioren. A medida que nuestra codependencia empeora, perdemos nuestra habilidad para reconocer este dolor y el daño que hace. 

Una vez que aceptamos nuestros sentimientos de dolor, podemos comenzar a tomar la decisión de cambiar. Debemos también ser pacientes, querernos y perdonarnos a nosotros mismos mientras empezamos este camino hacia la recuperación. Cada uno de nosotros se recuperará de maneras distintas, y a un paso diferente. Nuestros senderos serán tan individuales como nuestras personalidades y circunstancias, pero aunque comenzamos desde diferentes puntos, compartimos el objetivo común de la recuperación.

viernes, diciembre 30

" LA MUERTE DEL SUEÑO"

Nunca se entiende un sueño
más que cuando se quiere a un ser humano
despacio, muy despacio
y sin mucha esperanza.

Por ti he sabido yo cómo era el rostro
de un sueño: sólo ojos. 
La cara de los sueños
mirada pura es, viene derecha, 
diciendo: "A ti te escojo, a ti, entre todas"
como lo dice el rayo o la fortuna. 
Un sueño me eligió desde sus ojos,
que me parecerán siempre los tuyos.

Por ti supe también
cómo se peina un sueño. 
Con qué cuidado parte sus cabellos
con una raya que recuerda
a la estela que traza sobre el agua
la luna primeriza del estío. 
Mi mano, o una sombra de mi mano, 
o acaso ni una sombra, 
la memoria, tan sólo, de mi mano
jamás acarició una cabellera
tan lenta y tan profunda
como la de ese sueño que me diste. 
En el pelo, en el pelo de tu sueño
fueron mis pensamientos enredándose, 
entrando poco a poco, y se han perdido 
tan voluntariamente en él que nunca 
los quiero rescatar: su gloria es ésa. 
Que estén allí, que duermas
sobre las despeinadas 
memorias que mi alma te ha dejado
entretejidas en su cabellera.

Por ti he cogido a un sueño de las manos. 
Por ti mi mano de mortal materia, 
ha tocado los dedos, 
tan trémulos, tan vagos, 
como sombras de chopos en el agua, 
con los que un sueño roza al mundo
sin que apenas lo sienta
nadie más que la frente consagrada. 
Por ti he cogido un sueño de las manos, 
o de las que parecen manos, alas. 
Las he tenido entre las mías,
un año y otro año y otro año, 
como se tienen las de un ser que va a marcharse, 
fingiendo que es para decirle adiós, 
pero con tal ternura al estrecharlas, 
que renuncia a su fuga y nuestro tacto, 
de adiós se nos transmuta en bienvenida. 
Por ti aprendí el lenguaje
tan breve y misterioso de los sueños. 
Cabría en el cristal 
de una gota de agua. 
Está hecho de dos letras cuyos trazos
aluden con su recta y con su curva
a la humana pareja, hombre y mujer. 
"Sí" dice, sólo "sí". 
Los sueños nunca dicen otra cosa. 
Nos dicen "sí" o se callan en la muerte.

Por ti he sabido cómo andan los sueños. 
Llevan los pies desnudos
y parecen más altos todavía. 
El ama por que cruzan se nos queda
como playa que primero holló 
Venus al pisar tierra, concediéndole
las indelebles señas de su mito: 
las huellas de los dioses no se borran. 
Entre el vasto rumor de los tacones, 
que surcan las ciudades colosales, 
mi oído a veces percibe
un rumor leve como de hoja seca, 
o de planta desnuda: es que te acercas, 
por las celestes avenidas solas, 
es que vienes a mí, desde mi sueño.

He sabido por tí de qué color
es la sangre de un sueño. Yo la he visto 
cuando un día le abriste tú las venas
escapar dulcemente, sin prisa, como el día 
más hermoso de abril, que no quisiera 
morirse tan temprano y se desangra, 
despacio, triste, recordando
la dicha de su vida: 
su aurora, su mañana, sin rescate.

Por ti he asistido, porque lo quisiste, 
al morirse de un sueño. 
Poco a poco se muere
como agoniza el campo en el regazo
crepuscular, por orden de la altura. 
Primero, lo que estaba al ras de la tierra, 
la hierba, la primer oscurecida: 
luego, en el árbol, las cimeras hojas, 
donde la luz, tamblando se resiste, 
y al fin el cielo todo, lo supremo. 
Los sueños siempre empiezan a morirse
por los pies que no quieren ya llevarlos. 
Como el cielo de un sueño está en sus ojos
lo último que se apaga es su mirada.

Y por ti he visto lo que nunca viera: 
el cadáver de un sueño. 
Lo veo, día a día, al levantarme, aquí, en mi cara. 
(Has vuelto tu mirar hacia otro rostro)
Me lo siento en las manos, 
enormes fosas llenas de tu falta. 
Está yacente: tumba le es mi pecho. 
Me resuena en los pasos
que van, como viviendo, hacia mi muete. 
Ya sé el secreto último: 
el cadáver de un sueño es carne viva, 
es un hombre de pie, que tuvo como un sueño, 
y alguien se lo mató. Que vive finge. 
Pero ya, antes de ser su propio muerto, 
está siendo el cadáver de un sueño. 
Por ti sabré, quizá, como viviendo
se resucita aún, entre los muertos.

viernes, septiembre 30

ALIENTO DIARIO 30 DE SEPTIEMBRE

30 de septiembre

Las personas que fortalecen su fe día tras día y mes tras mes, son auténticos practicantes. Nuestra práctica diaria delgongyo, por lo tanto, es muy importante, como lo es asistir a las reuniones cada mes. No debemos permitir que nuestra fe se debilite. Debemos esforzarnos para que hoy esta sea más firme que ayer, más fuerte este mes que el mes pasado. La práctica budista es la sucesión de esos esfuerzos incansables, cuyo objetivo esencial es lograr la Budeidad.

Daisaku Ikeda, presidente de la SGI

martes, agosto 30

SOLO POR HOY NÁRCOTICOS ANONIMOS. 30 DE AGOSTO

30 de agosto Obrar bien, sentirse bien.

«Examinamos nuestras acciones, reacciones y motivaciones. A menudo descubrimos que hemos actuado mejor de lo que nos parecía.»

Texto Básico, p. 50

La forma en que tratamos a los demás, por lo general revela nuestro propio estado. Si estamos en paz, es muy probable que tratemos a los demás con respeto y compasión. Pero cuando nos sentimos descentrados, lo más probable es que los tratemos con intolerancia e impaciencia. Si hacemos regularmente un inventario, seguramente veremos el patrón de conducta: cuando nos sentimos mal con nosotros mismos, tratamos mal a los demás.
Lo que quizás no se vea en el inventario es la otra cara de la moneda: si tratamos bien a los demás, nos sentimos bien. Si añadimos esta verdad positiva a los hechos negativos que hallamos en nuestro inventario, empezamos a comportarnos de otra manera.
Cuando nos sentimos mal, podemos hacer una pausa para pedir orientación y fortaleza. Después, tomamos la decisión de tratar a quienes nos rodean bondadosa y amablemente, con la misma consideración que deseamos para nosotros. La decisión de ser bondadosos quizás alimente y sostenga la felicidad y paz de espíritu que todos deseamos. Y la alegría que inspiramos tal vez levante el ánimo de aquéllos que nos rodean, que a su vez fomentan nuestro propio bienestar espiritual.

Sólo por hoy: Recordaré que si cambio mi comportamiento, mis pensamientos también cambiarán.

lunes, agosto 29

ALIENTO DIARIO. Daisaku Ikeda

29 de agosto

El éxito mundano y las circunstancias favorables basadas en la suerte se desmoronan con facilidad. Son cosas tan transitorias como la ilusión. Pero el estado de la Budeidad, una vez que se alcanza, jamás puede ser destruido en toda la eternidad. Disfrutaremos de una existencia colmada de buena fortuna e inmensa alegría, existencia tras existencia.



Daisaku Ikeda, presidente de la SGI

miércoles, agosto 24

SOLO POR HOY NARCÓTICOS ANÓNIMOS. 24 DE AGOSTO.

24 de agosto Buscar la voluntad de Dios

«Aprendemos a tener cuidado de pedir cosas concretas.»

Texto Básico, p. 53

Durante nuestra adicción activa, no solíamos rezar para conocer la voluntad de Dios para con nosotros y la fortaleza para cumplirla. Al contrario, la mayoría de nuestras oraciones eran para que Dios nos sacara del lío en el que nos habíamos metido. Esperábamos milagros con nuestras exigencias. Cuando empezamos a practicar el Undécimo Paso, esa forma de pensar y rezar cambia. La única manera de salir del lío en el que nos hemos metido es rendirnos a un Poder más grande que nosotros.
En recuperación, aprendemos aceptación. A través de la oración y la meditación intentamos saber cómo hacer frente a las circunstancias que se presentan en nuestro camino. Dejamos de luchar, abandonamos nuestras ideas de cómo deberían ser las cosas, pedimos sabiduría y escuchamos las respuestas. Éstas, por lo general, no llegan como un rayo de luz blanca acompañado de un redoble de tambor, sino que aparecen sencillamente con la silenciosa sensación tranquilizadora de que nuestra vida va por buen camino y que un Poder superior a nosotros guía nuestros pasos.
Tenemos una alternativa: podemos pasarnos la vida luchando para que las cosas salgan a nuestro antojo, o podemos rendirnos a la voluntad de Dios. La paz se puede encontrar aceptando los vaivenes de la vida.

Sólo por hoy: Abandonaré mis expectativas, buscaré la orientación de mi Poder Superior y aceptaré la vida.